sábado, 12 de marzo de 2016

Papeles y discursos. El poder de las palabras




Aye Vizcaíno
Llega un momento en la vida de toda persona que se plantea quién es. ¿Qué nos define? ¿Nos define un papel?

¿Acaso importa realmente de dónde eres?
Aquí estoy, 8.35 de la mañana reflexionando. El humo del té humeante me empana y al tomar consciencia de ello, me visualizo a mí misma reflexionando y tomando nota mental acerca de la simplicidad de las cosas.

Ansiedades van y vienen y uno tratando de sobrevivir en este mar de locura. Cuando estás arriba, o muy abajo comúnmente la gente te dice que bajes a Tierra. En esta locura de vida, precisamente, en este paradójico planeta llamado Tierra.

Decido comenzar el día con música a tope en los auriculares. Qué mejor que abrir el procesador de texto para plasmar tus ideas, tus pensamientos y tus inquietudes más profundas, que escuchando una sinfonía relajante del mismísimo Bach.

Llega un momento en la vida de toda persona que se plantea quién es. ¿Qué nos define? ¿Nos define un papel? Desde que el mundo es «mundo», apenas nacemos, ya nos otorgan el primer papel que nos define: la partida de nacimiento. Ahí tienes todo: desde cómo te llamas hasta el lugar geográfico dónde apareciste por primera vez. ¿Es esa tu definición? ¿Eso debe ser lo que te marque para el resto de tu vida?

A veces, simplemente no puedo pensar en que eso termine siendo útil. Sin embargo, en el mundo contemporáneo finalmente, se ha conseguido. Un papel termina determinando, muchas veces, el destino de tu vida.

Cuando oigo, leo o escucho noticias que vienen de ese tipo de arraigos de pensamiento no dejo de pensar en la capacidad discursiva y en el mágico pero a la vez poderoso sentido que tienen las palabras. Los discursos, tan inocentes que parecen, pueden muchas veces, terminar siendo las más poderosas armas de destrucción y de incitación.

¿Competencia o competencias?
De acuerdo con la RAE, la palabra, o lema «competencia», consta de más de un sentido definitorio dependiendo de su etimología. Según el primero, (Del lat. competentĭa; cf. competir), en la acepción número dos podemos encontrar: «Oposición o rivalidad entre dos o más que aspiran a obtener la misma cosa». Si leemos el otro sentido, (Del lat. competentĭa; cf. competente), también en la segunda acepción, encontramos algo un poco diferente: «Pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado».

Las crisis socioeconómicas en las que nos hemos directa e indirectamente envueltos globalmente, también están separadas por papeles, palabras y discursos. Las altas tasas de paro desde hace algunos años en muchas partes del globo terráqueo, no han hecho más que incrementar la competición entre los puestos de trabajo, independientemente de su rango (sea este bajo, medio o alto cargo).

Cada vez más, es apreciable ver personas más que preparadas en niveles universitarios, están ejerciendo otros empleos muy diferentes al que soñaban, día y noche sin parar seguramente, cuando les dieron sus merecidas titulaciones.

Si el papel de titulación, te «avala» para las tareas. Si el papel de tu partida de nacimiento, te «avala» para traspasar fronteras. ¿Qué queda para aquellos que no los tienen? ¿Vale ser autodidacta? ¿Qué camino sería el más correcto? ¿Qué queda para aquellos que no tienen simples papeles de tipo «fundamental»? ¿Estarán condenados a las teorías deterministas o podrán lograr sus objetivos? 
¿Acaso importa de dónde eres en este mundo tan globalizado? ¿Crees que hay esperanza?

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