sábado, 7 de mayo de 2016

Muy cerca






Graciela Muniz
Hacía tres meses que estaba investigando el crimen de Pedro Diamonte, lo habían encontrado muerto a dos cuadras de su trabajo, posiblemente luego de que saliera de este. El caso me lo asignaron. Puedo decir que lo consideré como un caso personal, ya que, dos días antes de su asesinato el hombre me había ayudado con un trámite bastante especial que fui a realizar al banco donde él trabajaba.

            El día que fui a realizar la apertura de una cuenta, estaba bastante alterada, había discutido con mi marido porque él pensaba que lo estaba engañando con otro. Ya hacía varias semanas que estaba con esa persecución y me juró que no se quedaría tranquilo hasta que no descubriera con quién estaba.

            La semana pasada cumplimos dos años de casados, y siempre fue muy celoso, creo que mi trabajo no favorece mucho a la relación, la mayoría de mis compañeros son hombres.

            Recuerdo que fui al banco un martes, cerca de la hora del cierre de la oficina, me atendió Pedro, un funcionario muy atento y preocupado por su trabajo, lo cual es difícil encontrar cuando uno va a realizar un trámite. Enseguida notó que estaba un tanto nerviosa, angustiada y me preguntó si podía ayudarme en algo, le respondí que no se preocupara que estaba bien. Al finalizar la apertura de la cuenta me senté en la plaza que estaba en frente al local para tranquilizarme un poco. Estuve ahí aproximadamente unos diez minutos cuando de repente alguien me toca suavemente la espalda, era el funcionario del banco que me había notado mal, me invitó a tomar un café.  

            Días posteriores a ese encuentro, me asignaron el caso de un crimen al parecer de carácter pasional, la víctima era un hombre de cuarenta y cinco años, alto, morocho, delgado, empleado del banco cercano a donde lo encontraron muerto; su nombre era Pedro Diamonte.

            El asesino no dejó ninguna pista, el hombre fue encontrado con un balazo en el medio de la frente, no había rastros del autor del crimen.


            Con motivo de la celebración de nuestros dos años de casados íbamos a salir a comer a fuera, al lugar donde Ricardo me pidió matrimonio. Él se entró a bañar y yo me dediqué a prepararle la ropa, al abrir el cajón de su ropa interior encontré un buzo ensangrentado. Esa noche la pasamos bien y creo haberle dejado en claro que nunca lo había engañado.

            Al otro día me dirigí a mi oficina para ver si se podía saber si esa sangre era de él o era de otra persona, por algún motivo o corazonada pedí que por favor compararan esa sangre con la de Pedro Diamonte, el resultado estaría lo más pronto posible. Me llamarón por teléfono y me pidieron que volviera para conocer el resultado, me entregaron un sobre, al abrirlo hice una pausa, los próximos diez minutos fueron de silencio.
 

4 comentarios:

  1. Me gustó mucho,buen relato, muy creíble y con el remate de un final abierto que convoca a la imaginación.

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