miércoles, 2 de mayo de 2018

Porque mis días siempre son naranjas



Bettiana Levecchia
Se dice que las personas pasamos la vida buscando un sol, algo que nos motive a mejorar día a día. Se dice que las peores personas no logran encontrarlas y se pierden en aquel camino.

Fue aquella mañana que me di cuenta que había pasado toda mi vida buscando un sol, aquella pequeña parte que me iluminará y me hiciera confiar en que todo podía lograrlo. Fue aquella misma mañana que me di cuenta que era imposible que una persona me brindara  la suficiente confianza que no tenía en mí misma.

Comencé a creer que la vida se basaba en sufrimiento, y que nada podía hacerme cambiar eso.

Me sorprendí, tiempo después, cuando rebuscando en mi baúl desordenado descubrí mi sol. Tan chiquito que reposaba en la palma de mi mano, tan deslumbrante que me encandilaba mis ojos, sonreí y me lo llevé al pecho.

Allí se quedo toda mi vida, alumbrándome el camino, haciéndome accionar más segura. Pues ese pequeño sol se trataba del amor que estaba transformando hacía mí misma. Porque nadie podía hacerme amar más que yo misma. 

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